Dormir en casas cueva - Arquitectura subterránea

Excavadas en las laderas de empinados cerros y barrancos, las cuevas y casas cueva se disponen sin un plan previo, atentas sólo al relieve del que forman parte y a la situación del sol. No existen calles, siendo sus referencias urbanas las cañadas y ramblas. Construcciones más evolucionadas, con fachadas adosadas y edificios anexos, se sitúan junto a otras más tradicionales, presumiendo ambas de sus esbeltas chimeneas encaladas, sus típicas placetas y porches vegetales. Pero no existe ninguna imagen que permita conocer su interior, sino que hay que ir adentrándose en ella, desde sus elementos más públicos hasta los más íntimos y privados. La arquitectura subterránea no es sino el resultado de la búsqueda por parte del hombre de un tipo de hábitat que se adecue al medio en el que vive y también a la actividad que desarrolla, siendo por lo tanto fundamental el terreno en el que se llevan a cabo las excavaciones, unas veces aprovechando la acción de las fuerzas naturales y otras recurriendo exclusivamente a la actividad humana . Como ocurre en las comarcas de Guadix y El Marquesado y Baza-Huéscar: El Altiplano, las cuevas se localizan en zonas áridas o semiáridas, junto a ríos o cursos de agua pero no en áreas inundables ni ocupando tierra fértil, sino en laderas, vertientes de barrancos o en torno a pequeños montículos. Los terrenos más adecuados son aquellos blandos para el pico pero a la vez compactos para que garanticen la solidez, e impermeables para evitar las filtraciones y humedades, siendo los más empleados las arcillas, margas, conglomerados, areniscas blandas, calizas, arenas, tobas y loes.

Cómo se excavan

La construcción de una cueva, obra en la que el usuario ha contado siempre con la inestimable ayuda del “maestro de pico ”, se inicia dando un corte vertical al terreno que servirá de fachada, quedando libre el plano horizontal situado ante ella; según la topografía, a veces es necesario realizar otros dos cortes verticales en los extremos perpendiculares que actuarían a modo de contrafuertes. En el centro de la fachada se traza la puerta en arco (penetrando 1 m. o 1,5 m., que es el espesor de los muros de carga) y, a partir de ella, la primera habitación, con techo en bóveda de cañón, planta cuadrada y unas dimensiones de 2,5 a 3 m. de lado. A continuación de esta primera estancia se irán excavando, en forma de galería, el resto de habitaciones. Su número, dimensiones y organización interna dependerá tanto de la extensión del cerro o colina como de las posibilidades económicas y necesidades de sus moradores. La topografía del terreno en la que se desarrolla este proceso constructivo, con sus curvas, formas y pendientes, condicionará asimismo las diferentes clases de asentamientos de los conjuntos cueveros presentes en Granada. Quizás el más extendido, sobre todo en la Hoya de Guadix, es el situado en vertientes abruptas, con las cuevas organizadas en hileras y superpuestas en diferentes niveles horizontales, a las que se accede a través de angostos caminos serpenteantes que bordean la ladera. Si el enclave se encuentra en una zona de pequeños montículos, atravesados de extremo a extremo buscando la luz y la ventilación cruzada, las casas cueva se alinearán a lo largo de calles o bien se agruparán en torno a un plaza o placeta; esta tipología sólo se puede contemplar, dentro de la región andaluza, en la provincia granadina, configurando núcleos en Benalúa, Gor, Purullena, Baza, Benamaurel y Huéscar. Existe, además, un tercer tipo de asentamiento, localizado en Baza, pero que ha quedado en desuso por el riesgo de inundaciones que implica: la excavación en fosa . .

Cuevas y casas cueva

La evolución de sus elementos externos, fruto de la adaptación a los nuevos tiempos y las modernas necesidades, fue propiciando la paulatina conversión de las primitivas y originales cuevas en casas cueva, provistas de edificios y construcciones adosadas a la fachada o erigidas en el espacio de acceso a la vivienda. Así, a partir del esquema habitual de organización espacial, consistente en estancias comunicadas entre sí por pequeños huecos a modo de arcos fajones y organizadas en galerías excavadas en profundidad o de forma paralela a la fachada, se fueron sumando formas más complejas de concebir esta construcción. Las principales innovaciones serán la adición en fachada de otros cuerpos, adosados o exentos, y la potenciación de recintos como la placeta de acceso. Estos cambios permitieron separar las dependencias dedicadas a animales de las que albergaban a personas y sacar al exterior los locales húmedos. Así, el agregado inicial se va transformando en una edificación cada vez más autosuficiente que conserva la primitiva cueva como una simbólica muestra del asentamiento original.

Chimeneas y lucernarios

Los elementos exteriores de mayor impacto visual son, sin duda, la fachada y la chimenea, dos de sus señas de identidad. La primera apenas presenta huecos, con el objetivo de mantener las excelentes condiciones térmicas; sólo se presentan los de la entrada a la vivienda y a la cuadra, a los que a veces se añade un ventanuco para la ventilación. La puerta de acceso tradicional es un portillón con dos hojas horizontales que permite la apertura de la parte superior a modo de ventana. La fachada más simple aparece encalada directamente sobre el cerro excavado siendo, no obstante, la más habitual la fachada de obra construida con ladrillo, hormigón o piedra que protege el terreno de la erosión. Los porches vegetales o porches de obra rematados con tejas, así como las diferentes formas de adosar la vivienda a la cueva ofrecen todo un repertorio de fachadas, casi al gusto de cada morador. La chimenea, excavada desde el interior, se diferencia sustancialmente de unos lugares a otros, a pesar de su proximidad. Así, entre las mismas localidades de Guadix y El Marquesado o el Altiplano se pueden contemplar algunas con forma de cono y otras más parecidas a prismas y cilindros; de argamasa, ladrillo o piedra; encaladas o con remate de obra para evitar filtraciones de agua. En el interior de las casas cueva, los lucernarios ubicados al fondo de estrechos y largos pasadizos, cuyo objetivo no es otro que captar toda la luz posible, compiten en diversidad e imaginación, desde los balcones a los grandes patios que reciben luz desde el exterior. Se realizan cuando el terreno permite atravesar totalmente el cerro al construir la cueva, buscando una nueva salida al exterior que posibilite la obtención de iluminación y ventilación cruzada. El encalado de paredes y techos es una ingeniosa forma de aprovechar al máximo este recurso natural. En el interior de las cuevas el ambiente es seco y la temperatura, unos 18º C, se mantiene constante durante todo el año.

En torno a la lumbre

La organización de las estancias que aún conserva muchas de las cuevas actuales sigue reflejando el modo de vida de una población eminentemente rural. La primera habitación a la que se accede desde la puerta se destina a sala de estar o cocina, situándose muy cerca la chimenea, que cumple un papel fundamental en cuanto a aireación de la vivienda. Las habitaciones más interiores se reservan para los dormitorios, separándose entre sí visualmente, bien por cortinas, bien por puertas o paños enteros acristalados. El recorrido hasta esta parte más íntima de la cueva ha permitido contemplar los numerosos armarios, alacenas y despensas excavadas o bien construidas en arcilla cruda. Los cambios más significativos en el hábitat inicial se producen cuando, al quedar cuevas vacías en lugares próximos, se traslada a ellas a los animales, permitiendo mayor espacio para uso exclusivo de la vivienda y resolviendo el problema de los malos olores. Además, con la construcción de las redes públicas de abastecimiento de aguas, los pequeños lavaderos situados en las placetas y los aseos se trasladaron a construcciones anexas. Esta tendencia generalizada al crecimiento de las casas en plantas y crujías, a la par que la modernización de sus servicios básicos e instalaciones, no ha restado ni un ápice de relevancia al que puede ser considerado como uno de los hábitat de mayor antigüedad.

Cueva museo de Guadix

Guadix cuenta con una casa cueva utilizada como museo, instalado en una de las cuevas del famoso barrio de Santiago, en el extrarradio de la ciudad. En ella, es posible contemplar el modo de vida de la gente de la ciudad y de su tierra, no sólo a través de una cueva típica, sino también con una buena colección de objetos e indumentarias utilizadas en oficios, festejos, industrias agrícolas y ganadería. La Cueva Museo se distribuye en diversas salas: portal, audiovisuales, biblioteca, artesanía y tradiciones, dormitorio, alacena, cocina, cuadra, marranera, aperos de labranza, despensa y pozo. Los objetos expuestos son representativos del modo de vida tradicional. Horario: De lunes a sábados, mañanas de 10:00 a 14:00 y tardes de 16:00 a 18:00 en invierno y de 18.00 a 20.00 en verano. Domingos de 10:00 a 14:00 Dirección: Plaza de la Ermita Nueva. Guadix. Teléfono: 958 669318 http://www.guadixymarquesado.org/cuevamuseo/

Cavernas y abrigos prehistóricos

La Hoya de Guadix y las altiplanicies de Baza y Huéscar, al Norte de la provincia, son dos amplias depresiones intercaladas entre las serranías béticas, repletas de pasillos, corredores y abrigos naturales han sido escenario desde la Antigüedad de numerosos asentamientos. Así, el denominado hábitat troglodítico, que hace referencia al peculiar modo de organización humana en cavernas, alcanzó en ambas zonas un gran desarrollo, que se refleja en los numerosos restos arqueológicos hallados. Al yacimiento argárico de La Balunca, en Castilléjar, se suman las Cuevas de la Tía Micaela y Sin Salida (ambas en Cortes y Graena) y la Cueva Horá, Abrigo de Luis Martínez y Cuevas de Panoría (todas en Darro), abrigos naturales ocupados por cazadores y recolectores paleolíticos que dejaron en sus paredes numerosas pinturas esquemáticas y vestigios del arte rupestre. Asimismo, al este de la localidad granadina de Píñar se hallan la Cueva de la Carigüela y, sobre todo, la famosa Cueva de las Ventanas, habitada desde el Paleolítico Medio. Esta gruta acondicionada a la perfección para su uso turístico recibe su nombre por las tres bocas de acceso que presenta desde el exterior, la única entrada y salida de la cavidad. La fertilidad de las tierras circundantes, así como su enorme riqueza minera, fueron favoreciendo también la penetración temprana de pueblos llegados desde el Mediterráneo que aprovecharon las óptimas condiciones del terreno (formado por materiales blandos, compactos e impermeables) para excavar, en las empinadas laderas de los ríos, nuevas cuevas. Los romanos, aunque optaron por sus ‘villae’ exentas, las situaron en las inmediaciones de las cuevas actuales, confirmando, pues, el magnífico enclave de éstas. Los godos seguirían el ejemplo del Imperio Romano.